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Comunicació, 06/07/2020
Protección social para el invierno más crudo

Este invierno será uno de los más duros de la historia de Baleares. Nuestro modelo económico está montado para exprimir la temporada turística al máximo, y esta campaña será mínima a causa de la Covid y las incertezas que vivimos en esta nueva normalidad en la que estamos inmersos.

Si todo va bien y no hay rebrotes, es posible que la mini temporada 2020 se pueda prolongar más allá de octubre, algo que el año pasado no pudo ser por las consecuencias directas e indirectas de la caída de Thomas Cook. Sin embargo, será difícil extenderla más allá de diciembre.

Aunque al final tengamos una temporada aceptable para las circunstancias, el número de personas trabajadoras activas será bastante inferior al de otros años. De media Baleares cuenta con unos 500.000 cotizantes, ahora cerca de 170.000 están afectados por un Expediente de Regulación de Empleo.

A estas cifras hay que sumar a las miles de personas que cada año ocupan empleos temporales y que esta campaña turística no trabajarán. Vivimos un drama en el que la mitad de la fuerza productiva del archipiélago se encuentra inactiva.

La dependencia que Baleares tiene del turismo hace aún más preocupante los efectos económicos que nos dejará la Covid. Las más de 200.000 familias que viven de la temporada no podrán hacerse un colchón del ahorro este año. Por eso era tan importante para UGT que existiera una renta mínima.

Aunque el ingreso mínimo vital aprobado necesita mejoras, que esperemos que se introduzcan en el trámite parlamentario, representa un escudo social imprescindible para afrontar lo que viene. También necesitamos el salvavidas de la prolongación de las condiciones de los ERTE por fuerza mayor hasta diciembre.

Al impacto sobre el empleo y las rentas, se une que nuestros visitantes necesitan también contener el gasto y pueden tener miedo al contagio. Baleares vende al turista asueto, disfrute y relajación. Y este confort es muy difícil combinarlo con medidas de distanciamiento social.

En el imprescindible equilibrio entre salud y economía, juega a nuestro favor que Baleares es un destino seguro que ha demostrado tener un sistema sanitario más que eficaz. Si no queremos que la crisis post Covid se convierta en una hecatombe, tenemos que hacer todo lo que esté en nuestras manos para compaginar de manera eficaz la actividad económica con las medidas de protección.  

Es histórica la reivindicación de cambios en el modelo productivo para tener un sistema económico menos frágil. Igual que la de mejorar la calidad del empleo. Son cuestiones que no se modifican de un día para otro, pero ahora esta necesidad se nos presenta más imperiosa que nunca.

Como sociedad no somos capaces de romper el ritmo económico de Baleares. Un ritmo que al menor vaivén resquebraja el sistema. Los empleados temporales más afortunados, los fijos discontinuos de nueve meses, comienzan la campaña turística poco antes de Semana Santa y la finalizan hacia finales de octubre. Generan así prestaciones contributivas de desempleo que les permiten pasar el invierno.

El personal fijo discontinuo de menos de nueve meses tiene menor protección social. Como cotizan menos tiempo, alternan año a año prestación contributiva y subsidio. Y los más débiles son los eternos trabajadores eventuales que van rotando por las empresas cada temporada. Son unos 200.000 y van ocupando los 400.000 contratos anuales que genera nuestra economía. Sobreviven al invierno con subsidios de 500 euros.

En la otra cara de la moneda está una red empresarial, demasiado adaptada a esta economía cíclica, compuesta básicamente por un sector hostelero fortísimo, que tiene hace tiempo amortizados sus establecimientos. Temporada tras temporada bate récords de beneficios y su cuenta de resultados siempre es positiva: seis meses al año los costes de personal los cubre el Estado con nuestros impuestos.

Este es el perverso espejo de un sistema económico que la pandemia ha hecho añicos. Los fijos discontinuos y los trabajadores temporales no podrán acceder a prestaciones porque no generarán las cotizaciones suficientes. De ahí la importancia para UGT de la  aprobación del ingreso mínimo vital. En 2016 registramos una Iniciativa Legislativa Popular con más de 700.000 firmas para nuestro país tuviera una ayuda de este tipo.

Baleares necesita primero paliar el estado de necesidad que existe, rescatando a las personas, para que nadie se quede atrás. Y después, romper de una vez con el círculo productivo cruel e insostenible de la estacionalidad. No puede ser que una minoría viva a cuerpo de rey y una mayoría sobreviva de mala manera.

El objetivo de UGT es que al final las condiciones de los ERTE por Covid se mantengan hasta el 30 de diciembre. Fruto del diálogo social, desde Baleares se ha elevado una propuesta al Gobierno central para exista una estrategia de incentivos que permitan a las empresas ir abriendo sus negocios mientras se sigue protegiendo a las personas que quedan en ERTE.

A la par y a corto plazo, el sindicato propone para el invierno un plan similar al del Imserso, pero abierto a jóvenes y familias, así como a residentes, siempre que las autoridades no vuelvan a decretar limitaciones de movilidad. Así se potenciaría un turismo alejado del soy y playa, se diversificaría la oferta, y la llegada de visitantes se esponjaría a lo largo de todo el año.

A medio y largo plazo, es imprescindible potenciar la investigación, desarrollo e innovación, la economía verde y la economía de los cuidados, poniendo especial atención a los servicios públicos.

Ana Landero Recio, secretaria de Acción Sindical y Comunicación de UGT Illes Balears.

 
 

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